21.11.09

La lluvia

Consideremos la lluvia como algo común, algo que siempre vuelve y que siempre es igual. La lluvia siempre cae del mismo modo, siempre moja y siempre llueve agua. Con esta descripción en la cabeza cualquiera pensará que la lluvia no tiene la menor importancia. La lluvia siempre está ahí y ya estemos en la calle o en un edificio la lluvia nunca dejará de caer. Incluso creemos que la lluvia es algo a lo que se le pueda dar de lado, como si pudiéramos decir: “Durante un mes no quiero lluvia, la lluvia me gusta, pero este mes quiero sol, cuando pase este mes volveré a querer lluvia”. El problema es que la lluvia a veces se cansa y también piensa. La lluvia todo lo ve, y cuando le damos de lado también sufre. Nunca se deja de lado algo sin que ello te traiga consecuencias. En este caso la lluvia nunca volverá a caer con la misma intensidad y siempre se comportará de forma recelosa.
La lluvia es algo tan importante como el aire o la vida. Y siempre vuelve a caer tarde o temprano. No estaría mal que para aquella persona a la que la lluvia poco le importa aunque sea durante un periodo de tiempo limitado no volvieran a ver llover nunca más. No como venganza, sino como enseñanza. Porque todas las cosas en esta vida tienen valor. Y no hay nada que no sienta o padezca, hasta las cosas inanimadas. La lluvia debería poder desengañarse de las personas.
Para todos aquellos que venderían la lluvia a cambio de cobre solo por tener un poco más de sol, ésta debería dar descanso eterno y tomarse unas vacaciones perpetuas. El problema es que la lluvia siempre esta ahí. Nadie teme que algún día ya no esté, que desaparezca para siempre solo por el hecho de que la lluvia también siente.
Si yo fuera la lluvia estaría bastante harta de que algo tan mágico como ver caer agua del cielo se tome tan a la ligera, y sea algo tan olvidado para lo que nos da sin pedir nada a cambio.
El cielo es infinito y su paciencia prácticamente igual. Pero no es justo. No es justo igual que no son justas tantas otras cosas en la vida que no tienen derecho a quejarse por si mismas. A las personas esto debería hacernos derramar ríos de lágrimas. Perder algo tan importante solo porque lo tomamos como algo normal o cotidiano.
La lluvia no actúa de forma justa, cae igual tanto para los buenos como para los malos, para los justos y para los déspotas. Hay quien se merece no volver a ver las gotas cayéndole en la cara y otros a los que durante un tiempo mejor les vendría ver llover sin descanso durante años. Me opongo a traicionar a la lluvia tan gratuitamente solo para volver a sus brazos pasado un tiempo. Todo tiene sus sentimientos aunque no sepamos apreciarlos y no tenerlos en cuenta es solo uno de tantos actos egoístas que cometemos sin parar.
Sobra lluvia al igual que sobra egoísmo. Falta entendimiento hacia la lluvia al igual que falta entendimiento para todo lo que nos rodea, la empatía es una cualidad relegada al olvido en los tiempos que corren. ¿A alguien le importa?¿Alguien la echa de menos? Muy pocos.

1 comentario:

  1. Me encanta la lluvia, tú eres lluvia, no quiero más días del sol, el sol quema la piel, y la sensación de quemazón es peor que la de frío. Un saludo.
    PD: La lluvia no puede estar recelosa, a veces he pensado que no quería mojarme pero el otro día me calló en la cara tan fresca y limpia como el primer día que la noté caer sobre mi.

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